
Tras el traspaso del Fantasma de los Ojos Azules, sus nuevos responsables lo han rebautizado como Tiger Lili, por la famosa película oriental que Woody Allen en sus años mozos dobló como le dio la gana para darle un toque humorístico extraño. Al menos no ha sido un cierre definitivo como el Central. Poco a poco, los reductos de la música ajena a los canales comerciales -en la peor de las acepciones de la palabra- se van estrechando. Menos mal que nos queda nuestra propia casa, donde poder escuchar nuestros viejos discos, ya que no habrá una generación nueva que suceda a los artistas de hoy si no pueden oírlos en ninguna parte. Dan ganas de ser el protagonista de un cuadro de Munch, ojeroso y lleno de angustia, soltando alaridos al vacío.
1 comentario:
Entré el día de la inauguración y no le vi encanto alguno... Le daré otra oportunidad por si acaso aunque sé que la intuición no me falla.
Publicar un comentario