
Toda mi vida puede compartimentarse según los dibujos animados que emiten por televisión. Mi infancia con Heidi, Marco y, sobretodo, Mazinguer Z me enseñaron dos cosas: (1) que para ser importante hay que tener la cabeza gorda y (2) lo chulas que quedan unas prótesis cibernéticas. Después llegaron esos dibujos de enanos como Belfy y Lillibit o Noeli, que me abrieron el mundo a las minusvalías y esos otros de detectives como Sherlock Holmes -es el único y genial- y toda una colección de personajes de Hanna & Barbera, entre los que destaco al Detective Ardilla, mi favorito sin duda y que, por supuesto, ilustra esta entrada. Existen muchos más pero es que nunca me atrajeron demasiado ni Disney ni Warner. Después hubo muchos otros que pasaron sin pena ni gloria por mi vida hasta que a mitad de los 90, Cartoon Network, Fox y la MTV soltaron una sarta de personajes inclasificables con dobles lecturas y aspectos horripilantes, que harían las delicias de muchos de nosotros. End
2 comentarios:
Heidi y Marco llevaban prótesis cibernéticas? Dónde? Jeje...
No, esos son los de la cabeza gorda. La de las prótesis era Afrodita A, que las llevaba de ¡silicona explosiva!
Publicar un comentario