
El día de hoy no lo recordaré dentro de poco tiempo. Nada ha ocurrido que merezca una mención, así que ninguno de los acontecimientos que han cruzado por delante de mis narices estará archivado en ninguna parte. Dejarán de existir desde el mismo instante en que mis neuronas necesiten el espacio que ahora ellos ocupan, para algún otro menester. Sin embargo habrán sucedido, aunque nadie pueda recordarlos ni haya hablado o escrito sobre ellos. Su vida depende de mí y no estoy por la labor de conservarlos. Ni aunque supliquen. No pueden hacerlo y no lograrían mi benevolencia. Los hechos no hablan, no se comunican. Simplemente se deslizan por el tiempo, transcurren. Sin embargo otros días son de suma importancia para mí y también desaparecerán. Aunque yo los recuerde y los transmita de generación en generación no se salvarán. Marchitarán con el tiempo. Aunque los escriba, y aunque tengan mucho éxito y se multipliquen por gracia de las editoriales e Internet, nunca serán capaces de sobrevivir a una hecatombe nuclear o a la expansión del Sol. Todo caduca.
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