
Es la primera entrada que escribo a la vez que chateo con alguien. Es una experiencia rara. Tengo delante a un tío de Tenerife contándome su vida y yo a él la mía. Llevo una década haciendo lo mismo con gente que muchas veces no vuelvo a ver nunca. Es curioso y terapéutico. Con éste, en concreto, vengo dialogando varios meses. Cuando te llevas especialmente bien con alguien esto ocurre. Parece que va a ser para siempre y puede durar incluso más de un año. Sin embargo, basta un cambio de IP o que el programa o web del chat dejen de existir, para que esa persona desaparezca presumiblemente para siempre de tu existencia. Las relaciones virtuales son extrañas y endebles, superficiales como ninguna o más intensas y profundas que las que tenemos cara a cara. Seres inocentes conectados a otra vida.
1 comentario:
Hoy, más que nunca, podemos ver que en cada momento nos encontramos con quien verdaderamente necesitamos entrar en contacto, nada es por azar.
Publicar un comentario