
Me siento como el protagonista del cuento. En el trabajo, después de mi vuelta a la vida activa tras mi estado raro-zombi, se sucedieron los casos de hurto en los que se sospechaba de todo el mundo, usuarios y personal. Éstos casos llevaban casi un año dándose cuando aparecí yo por allí. La verdad es que he tenido suerte porque en más de una ocasión me he dejado el móvil o la cámara de fotos en el aula. El caso es que daba igual que fueran sobres con dinero que tabletas de chocolate. El asunto, sin que se avisara a nadie del personal, lleva en manos de la policía un tiempo. Nos lo han comunicado hoy. El caso es que después del último robo (y lo llamo así porque la sustracción era de más de 400 eurazos) en el terreno acotado que supone una excursión en la que los usuarios eran los de cociente intelectual más bajo, las miradas acabaron únicamente en los monitores, claro está. En una paranoia conjunta en la que reconozco que nos vimos todos envueltos, los monitores entramos en el cuarto de baño a registrarnos unos a otros después de comprobar que el dinero no aparecía por ningún lado. La pastillita que me mantiene en Matrix me hace estar demasiado tranquilo viviendo entre ladrones. Sólo espero que pillen de una vez al culpable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario