
La mortadela es uno de los embutidos que menos aprecia mi paladar. No me gusta demasiado excepto dos tipos: la de ajo y la milanesa. La mortadela de ajo tiene un sabor tan intenso y fascinante que, pese a su grasa, o precisamente por ella, me encanta. La milanesa, con su colección de trocitos de ingredientes indefinibles, hace de mí un sumiso seguidor. Y es que nuestro amiguito el cerdo, con el que compartimos una buena colección de genes -no en vano los antropófagos forzosos comparan nuestra carne con la de éste- nos brinda una suculenta muestra de delicatessen culinarias. Otra cosa es la frikez de ponerla, convertida en alfombra, en el suelo de casa.
2 comentarios:
No me gusta la mortadela...
Pero la colección de alfombras con forma de loncha de embutido es total, aunque no en mi salón.
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